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Un Café con Dios

«UN ABRAZO CÁLIDO DEL CIELO»

«El Señor su Dios los ha tomado en sus brazos durante todo el camino que han recorrido hasta llegar a este lugar, como un padre que toma en brazos a su hijo». Deuteronomio 1:31:

Cada madrugada, cuando el mundo aún duerme escucho un susurro dulce que me llama: «¡Hija, ya es hora!». Ese momento es como un abrazo cálido del cielo. No hay nada comparable a esa conversación íntima, donde el tiempo parece detenerse y todo lo demás se desdibuja. La paz, el gozo, la luz; son tantas sensaciones que fluyen en mí como un río, recordándome que la vida es un regalo precioso.

Sentada con mi café en mano, la neblina de la mañana se disipa y dejo que mis pensamientos se deslicen hacia aquellos rostros que llenan mi mente: amigos, familiares, conocidos. Cada uno de ellos es un hilo en la tela de mi vida, y siento la necesidad de orar por ellos. Es un privilegio y una responsabilidad que me llena de gratitud. En estos instantes, su infinita misericordia se despliega ante mí como un lienzo en blanco, recordándome que todos, en algún momento, necesitamos un toque de amor y luz.

La rutina diaria puede ser abrumadora. Nos arrastra en un torbellino de tareas y preocupaciones, pero en la quietud de la madrugada, todo cobra sentido. Es ahí donde me doy cuenta que nuestra salud, nuestro trabajo, nuestra familia y los pequeños momentos de felicidad son verdaderos tesoros. La vida se mide no por lo que acumulamos, sino por las conexiones que cultivamos, las risas que compartimos, y los desafíos que enfrentamos juntos.

A veces, es fácil olvidar que cada día es una nueva oportunidad. Como dice Isaías 40:28-31: «¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El SEÑOR es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra. No se cansa ni se fatiga y su inteligencia es insondable. Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil. Aun los jóvenes se cansan, se fatigan, los muchachos tropiezan y caen; pero los que confían en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.»

Cada vez que repaso este pasaje, siento que las palabras se convierten en una inyección de vida. Dios no se cansa de nosotros, no se fatiga ante nuestras luchas. Él está allí, listo para fortalecer a los débiles y renovarnos cuando más lo necesitamos. En la tranquilidad de la mañana, la voz de Dios me recuerda que siempre hay esperanza.

Así que, cuando las sombras amenazan con cubrir mi día, regreso a esos momentos de café y oración. Allí, en el silencio, encuentro mi fuerza renovada. No importa las piedras en el camino, siempre habrá un refugio en Su amor.

Así que, a ti que despiertas cada mañana y sientes que la vida pasa en un abrir y cerrar de ojos, que te dejas llevar por la rutina del día a día, que caminas hacia tu trabajo y sientes que la semana se te va de las manos sin que te des cuenta, quiero recordarte que cada momento está lleno de oportunidades para sentir, aprender y conectar con lo que nos rodea: un momento de risa con un amigo, la calidez del abrazo de un ser querido, o la belleza de un amanecer. Es importante recordar que cada instante puede ser una oportunidad para reflexionar sobre nuestras bendiciones y conectar con lo que nos hace sentir vivos y agradecidos. ¡te invito a hacer una pausa! Tómate un tiempo, o simplemente respira hondo y conéctate donde estes con el poderoso amor de Dios. Él está allí, esperándote solo falta tu presencia para que ese encuentro sea completo.

Y como dice Isaías 55:6-7 «Busquen al SEÑOR mientras pueda ser hallado; llámenle en tanto que está cercano.» No dejes pasar más tiempo Él está esperándote para escucharte.

Cada madrugada, al ver salir el sol, agradezco el privilegio de la vida, el amor de mi familia, mis amigos, mis compañeros y la presencia de personas maravillosas a mi alrededor. Y cuando el sol alcanza su máximo expresión, siento ese cálido abrazo, como una bendición que envuelve no solo a mí, sino también a cada uno de los increíbles seres humanos que abraza mi corazón y que vienen a mí me mente con la ayuda de mi Padre.